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Escapada al Algarve (relato de viaje) |
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PACO LOZANO Hace tiempo escribí que el Algarve es un estupendo destino para viajar en invierno. Sigo pensándolo, así que no es de extrañar que el 28 de febrero de 2011 cogiera el coche para conducir durante cuatro horas con el fin de pasar allí cuatro días.
Faro Parece mentira que, habiendo visitado tantas veces el Algarve, no hubiéramos entrado nunca en la Sé (la catedral) de Faro. El día 1 de marzo lo hicimos, y te recomiendo que lo hagas tú también cuando visites la capital. La Después de haber pateado Vila Adentro hicimos lo propio con el centro nuevo peatonal de Faro, otro de esos lugares a los que siempre se vuelve. Viaje al fin del mundo El día 2 de marzo lo dedicamos a viajar al fin del mundo. Al fin del mundo portugués, por supuesto. En otras palabras: fuimos al cabo San Vicente, donde se acaba la tierra y empieza el océano. Antes de llegar al cabo pasamos por Alcantarilha, un lugar en el que no habíamos estado nunca. En el término de Vila do Bispo, lejos de la carretera, hay una cala escondida que, como tantas otras del Algarve, merece una visita. Y nosotros se la hicimos. El agua era tan verde como aparece en la foto que puede verse más arriba. Un alemán tomaba el sol junto a su autocaravana allí donde acaba la carretera (quizá estaba sometiéndose a una cura de estrés). No lejos de la cala, los campos están salpicados de menhires, testigos mudos del pasado prehistórico del Algarve. Luego llegamos a la fortaleza de Sagres, situada en un cabo a corta distancia del de San Vicente. La zona es muy ventosa y el día era invernal, a pesar de lo cual entramos en la fortaleza, que hacía mucho tiempo que no visitábamos. Bueno... si llegas hasta allí en invierno puedes perfectamente contemplar el fuerte desde el lado de tierra y pasar de largo. No te perderías gran cosa, ya que lo verdaderamente notable es el lugar en que fue construída la fortaleza y el paisaje que puede contemplarse desde allí, y las vistas que se tienen desde dentro de la fortificación no son muy diferentes de las que se tienen desde fuera. En verano, en cambio, merece la pena pagar la entrada, echarle una ojeada a los restos de la época de los descubrimientos y caminar hasta el extremo del cabo, en medio del océano. Finalmente llegamos al cabo San Vicente.
En el cabo hay un Tavira La mañana del 3 de marzo la dedicamos a pasear y tomar el sol en la playa cercana al hotel, sin más compañía que un par de pescadores que lanzaban sus cañas desde las rocas. La tarde la pasamos en Tavira, paseando por sus calles, contemplando el Después de hacer algunas compras (paté de sardinas de Olhao y algunas botellas de vino portugués) en el hipermercado de un centro comercial que han abierto al borde del Parque Natural de Ria Formosa, entramos en éste para dirigirnos al hotel. Era ya de noche y al día siguiente regresábamos a casa.
Relato de una escapada al Algarve. |
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