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Dos días en Atenas (relato de viaje) |
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PACO LOZANO Dos días no son tiempo suficiente para visitar Atenas, desde luego, pero nosotros ya la conocíamos. Regresábamos de Rodas y, como teníamos que hacer escala en el aeropuerto Eleftherios Venizelos, decidimos aprovechar la oportunidad y pasar un par de días disfrutando de la ciudad. Así pues, cuando en la tarde del 28 de febrero de 2007 aterrizó nuestro vuelo de Olympic Airlines, nos dirigimos a la estación del aeropuerto para tomar el metro que debía llevarnos hasta la plaza Syntagma, que es el corazón de Atenas. El metro hace ese trayecto en menos de 40 minutos, pero tuvimos que esperar casi otro tanto hasta que el convoy se puso en marcha (parece ser que, al menos en esta época del año, sólo sale un convoy cada media hora; la información que teníamos era distinta, así que ahí queda el dato como aviso para navegantes).
Pese al retraso, tuvimos tiempo de salir a la calle antes de que
anocheciera. Caminamos por Plaka hasta llegar a la plaza Mitropoleos, en
la que se encuentra la catedral ortodoxa, llamada Megáli Mitrópoli, pero también la pequeña metrópoli o El día siguiente recorrimos de nuevo Plaka y subimos a la Acrópolis. Pudimos contemplar el Luego recorrimos el Ágora antigua hasta el Salimos del Ágora y continuamos hasta Después de comer algo en la plaza de Monastiraki, visitamos el Ágora romana, y pudimos acercarnos a la Más tarde, después de haber descansado en el hotel, iniciamos nuestro recorrido por la ciudad moderna. Bajamos a la plaza Syntagma, en la que se encuentra el antiguo palacio real, convertido luego en Parlamento. También se encuentra allí el famoso hotel Grande Bretagne, en el que nos alojamos en nuestra anterior visita a Atenas (¿a quién no le ha apetecido alguna vez alojarse en un hotel que forma parte de la historia de un país?). Luego caminamos por la avenida de la Universidad (Panepistimio) en la que destacan los grandes edificios neoclásicos del siglo XIX: la Academia, la Universidad y la Biblioteca Nacional. Estos edificios resultan impresionantes (particularmente con la iluminación nocturna). Llegamos a la plaza Omonia, y desde allí regresamos en dirección a nuestro hotel. El siguiente día debía ser el de nuestra partida. Dedicamos la mañana a recorrer Plaka, Monastiraki y la calle Ermou para despedirnos de la ciudad y, de paso, hacer algunas compras. Terminamos la mañana comiendo algo en una terraza de la plaza Mitropoleos, sentados frente a la Megáli Mitrópoli y la Mikrí Mitrópoli, y corrimos al hotel para recoger el equipaje y pedir un taxi para ir al aeropuerto (en el hotel nos habían asegurado que, pese a los problemas de tráfico, era más rápido el taxi que el metro). En todo viaje tiene que haber algún problema (¿en qué se quedaría, si no, la aventura de viajar?) y, hasta ese momento, no habíamos tenido ninguno. Así que los dioses movieron los hilos para que Iberia, después de tenernos un par de horas en la puerta de embarque sin darnos explicaciones (lo que hizo perder los nervios a más de uno de los frustrados pasajeros), cancelara finalmente nuestro vuelo. A la mañana siguiente, después de haber dormido algunas horas en el Sofitel que hay en el mismo aeropuerto, pudimos embarcar finalmente rumbo a España.
Relato de un viaje a Atenas (Grecia). |
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