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Croacia en invierno (relato de viaje) |
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PACO LOZANO En la mañana del 25 de Febrero de 2006 volamos hacia Madrid para
continuar viaje hasta Zagreb. Nuestro avión, de la compañía Lufthansa,
sale con una hora de retraso: nos dicen por megafonía que, al ir a
despegar, se han dado cuenta de que no funciona el altoparlante (sic) del piloto, y van a cambiarlo por el del copiloto. A consecuencia del
retraso perdemos el enlace en Munich, llegamos a Zagreb a las tantas y
tenemos que coger un taxi para ir al hotel (la oficina de Hertz en el
aeropuerto, en la que nos esperaba nuestro coche alquilado, está ya
cerrada). Así que al día siguiente tenemos que volver, de nuevo en taxi,
al aeropuerto a recoger el coche. ZagrebRegresamos en nuestro flamante Seat Ibiza al centro
de Zagreb. Es domingo. Un policía está a punto de ponernos una
multa por conducir por una calle peatonal. Aparcamos el vehículo y
subimos hasta la Rijeka Salimos de Zagreb y hacemos un alto en Karlovac, un pueblo de
calles geométricas con edificios barrocos sin demasiado interés. Más
adelante nos adentramos en un paisaje nevado. Comemos en un área de
servicio de la autopista, en medio de la nieve. Llegamos a Rijeka, junto
al Adriático, pero pasamos de largo para asomarnos a la península de Istria, la zona más cercana a Italia. No hay tiempo para alejarnos
mucho (nuestro hotel está en Rijeka), así que tenemos que conformarnos
con pasear por el puerto pesquero de Poco tiempo después estamos caminando por el centro de la Camino de SplitCuando nos despertamos, al día siguiente, estaba nevando. Nuestro hotel de esa noche estaba en Split, así que tomamos el camino del sur, bordeando el Adriático. Cada vez hacía más frío. Como nos esperaba un largo camino, dejamos la carretera de la costa para tomar la autopista. Ese fue nuestro error. Porque entre la carretera de la costa y la autopista que va al sur hay un trecho considerable de carretera de montaña. Seguía nevando. La carretera se ponía cada vez más difícil: había que conducir por las rodadas que habían dejado en la nieve los vehículos que habían pasado antes. La temperatura exterior descendió hasta -15º, y en algunos momentos temimos no poder continuar. Pero, por fin, llegamos a la autopista, que estaba sembrada de sal y limpia de nieve. A partir de ese momento, todo fue coser y cantar. Pronto llegamos a Y también nos topamos con las pintadas y los carteles proclamando héroe (heroj) al ex general croata y presunto criminal de guerra Ante Gotovina, recientemente detenido en Tenerife. Nos topamos, pues, con la guerra de la ex Yugoslavia. Nos topamos con los Balcanes, con los nacionalismos y las guerras de religión. La imagen del ex general iba a acompañarnos a partir de ese momento en nuestro recorrido por Dalmacia. Nuestra siguiente parada fue Sibenik. Allí buscábamos la catedral
de Santiago, que la guía Lonely Planet define como la
maravilla de la costa dálmata. Cuando llegamos a la Sibenik estaba
anocheciendo. Y de nuevo nos sorprendió encontrarnos en una preciosa
ciudad que parecía recién salida de la Edad Media. Quizá de día tenga otro aspecto, pero de
noche (en una noche de invierno sin turistas por las calles) Continuamos nuestra ruta hacia Split, pero dimos un rodeo para pasar por Trogir. Cuando llegamos, llovía y hacía un fuerte viento, así que decidimos posponer la visita para el día siguiente. Split Nuestro hotel de Split, el Globo, que sin duda ha conocido tiempos mejores, está muy bien situado, a un corto paseo del Recorrimos las calles interiores, visitamos la catedral. Un
norteafricano (adelantado de la inmigración en Croacia, supongo) nos
vendió los tickets para acceder a las salas vacías del sótano. Salimos
del palacio por el lado que da al mar. Desde allí tenía un sorprendente Luego, cogimos el coche para volver a DubrovnikEl camino hasta Dubrovnik es largo. Comemos en el paseo marítimo de Makarska, mientras los habitantes de esta localidad turística celebran el carnaval. Reanudamos nuestro camino. Atravesamos la frontera bosnia (hay que
hacerlo forzosamente, porque el territorio croata está interrumpido por
la pequeña salida al mar de Bosnia Herzegovina) sin tener siquiera que
mostrar el pasaporte. De la misma forma entramos de nuevo en Croacia. El
sol va tiñendo de tonos rojizos las innumerables islas de la Nuestro hotel, el Argentina, no está lejos del recinto
amurallado. Después de inscribirnos, caminamos hacia Al día siguiente, algo repuestos, salimos dispuestos a recorrer
Dubrovnik, de la que, ahorrando calificativos, sólo diré que es una de
las ciudades más bonitas que conozco. Nos dirigimos a la plaza Luza y entramos en el Luego bajamos PlitviceAl día siguiente nos levantamos muy temprano para viajar hasta el Parque Nacional de Plitvice. Desandamos, en dirección Norte, el camino que habíamos recorrido dos días antes. Atravesamos, nuevamente sin detenernos, la frontera bosnia y, después de muchos kilómetros de autopista, nos adentramos en la región de la Krajina (la frontera). Allí es donde empezó la guerra en 1991, cuando, al declarar la católica Croacia su independencia de Yugoslavia, los habitantes serbios (es decir, de religión cristiana ortodoxa) de la zona se negaron a secundar la secesión y, apoyados por el ejército federal yugoslavo, se independizaron de Croacia proclamando la República Serbia de Krajina. Tras cuatro años de luchas esporádicas, el gobierno croata logró desalojar a las fuerzas serbias de la Krajina, pero esto conllevó el éxodo de la mayoría de la población serbia. Todavía se ven en la zona muchas casas vacías, semidestruidas, testigos mudos de la tragedia. También se ven muchas casas en proceso de reconstrucción, lo que probablemente no quiera decir que han vuelto sus antiguos propietarios, sino que han sido ocupadas por croatas llegados de otras partes de la antigua Yugoslavia. Llegamos al hotel Jezero a primera hora de la tarde. Aparcamos
cerca de la puerta, junto a la nieve amontonada. Nos No tardamos mucho en encontrarlo. Estaba congelado, los A la mañana siguiente dejamos el hotel y fuimos hasta la entrada
principal del Parque, que da acceso a la zona visitable, un conjunto de
lagos que están a diferente altitud y se comunican por cataratas y
cascadas (después de mucho caminar, aguas arriba, se llegaría al gran
lago cercano al hotel Jezero en el que habíamos estado el día
anterior). El empleado de la taquilla nos advirtió que sólo había una
ruta abierta en la nieve para ver el cañón. Efectivamente, no pudimos
bajar hasta los SamoborEra nuestro último día en Croacia. Esa noche debíamos dormir en Zagreb, para tomar en la madrugada el vuelo de regreso. Teníamos tiempo de sobra, así que decidimos acercarnos a Samobor, en el Norte, junto a la frontera con Eslovenia. No habíamos tomado la ruta principal, y entramos en Samobor por una zona montañosa, de población dispersa, con cuestas muy pronunciadas en las que sólo la anchura de un coche estaba limpia de nieve. En algún momento dudé antes de lanzar el Seat Ibiza por una cuesta abajo que daba vértigo, pero pensé: "si esta carretera está aquí es porque ellos la bajan; así que, ¿por qué no voy a poder hacerlo yo?". Y, aunque todavía no sé como, los neumáticos del coche se agarraron a la carretera, y salimos del aprieto sin más problema que algún ligero derrape. Después de hacer bastantes kilómetros por ese camino entramos en el
pintoresco centro de A las 3,30 de la madrugada, habiendo dormido poco y sin desayunar (no hubo forma de que en el Westin nos dieran algún tipo de desayuno a esa hora) partimos hacia el aeropuerto, al que, gracias al empleado de una gasolinera y a unos jóvenes en estado de ebriedad, llegamos sin dar más rodeos de los necesarios. Tomamos un avión hasta Frankfurt, cuyo aeropuerto es un verdadero caos. El vuelo de Lufthansa que iba a llevarnos de allí a Málaga salió, también esta vez, con retraso. La comida que nos dieron a bordo era de una calidad ínfima pero, no sé si para compensarnos, nos permitieron repetir la bebida. No cabe duda de que Alemania está en crisis.
Relato de un viaje a Croacia. |
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