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PACO LOZANO Un desapacible febrero tomamos un avión en el aeropuerto de Barajas, sobrevolamos el Mediterráneo y el estrecho de Mesina y, no sin ciertas dificultades debidas al fuerte viento, aterrizamos en Alejandría, la capital costera de Egipto. Una vez realizados los trámites administrativos (control de pasaportes, visados), partimos hacia El Cairo por la carretera del desierto. Nos alojamos Las pirámides de Giza y SaqqarahVisitamos las Bajamos por la margen izquierda del Nilo hasta la región de Saqqarah. Desde la carretera se ven las pirámides. De Menfis no queda prácticamente nada, pero el recinto sepulcral de Zóser, con la El autocar se detiene en un taller en el que niños de todas las edades tejen alfombras a mano. Fotografiamos a los niños, y luego salimos a la estrecha carretera, que discurre junto a un El CairoEl Museo Egipcio es impresionante, pero está tomado por un ejército de turistas. Dicen que por las tardes hay menos gente. Más o menos cuatro horas después estábamos de vuelta en el hotel. El taxista nos había estado esperando a la puerta del restaurante. Nos cobró 40 libras (mil trescientas y pico pesetas al cambio) por una larga carrera de ida y vuelta y una espera de varias horas en el frío de la noche. El Cairo tiene, dicen, 16 millones de habitantes. Tiene también muchos kilómetros de una punta a otra (kilómetros de bloques de pisos de color terroso), largos pasos elevados, mezquitas, iglesias coptas y un magnífico cementerio habitado. En la ciudadela está la Mezquita de Alabastro, levantada en 1830 por Muhammad Alí, cuyo interior puede visitarse. En el patio de la mezquita está la La visita al LuxorLlegamos a Luxor en un avión de línea regular, sobrevolando el desierto. A lo lejos, entre la neblina, podía contemplarse la línea del Nilo (con sus márgenes verdes). Luego, el río se perdió de vista, para reaparecer en las cercanías de Luxor. Y luego fuimos al templo de Luxor. Ante la entrada, el solitario obelisco cuyo compañero viajó hasta París. Pero este templo es menos impresionante que el de Karnak. Comimos en el barco que iba a llevarnos Nilo arriba, el "Moon River". Por la tarde desembarcamos para dar un paseo, e inmediatamente nos acosaron vendedores de baratijas y conductores de calesas, con una actitud mucho menos amable que la que habían mostrado sus colegas de El Cairo. Más tarde pudimos escuchar la voz del muecín que, por medio de altavoces instalados en las calles, llamaba a los fieles a la oración. La mañana siguiente la dedicamos a visitar Tebas Oeste, la ciudad de los muertos. Primeramente, nos detuvimos ante los deteriorados colosos de Memnón para hacer la obligada foto. Luego, recorrimos el Crucero por el NiloZarpamos y navegamos Nilo arriba. A medianoche llegamos a Esna y nos detuvimos ante la esclusa. Se acercaron unos nativos con un bote al costado del barco, mostrando varias chilabas (que, en la oscuridad de la noche, casi no podían verse), y regatearon largamente con alguien situado cerca de la proa. Una vez cerrado el trato, lanzaron la chilaba hacia la cubierta. Al pasar por delante de la ventana de nuestro camarote, nos ofrecieron a gritos su mercancía. Pero no estábamos allí para hacer compras, sino para ver el paso de la esclusa (aunque al final, como el acontecimiento se demoraba, nos acostamos sin verlo). Al día siguiente llegamos a Edfú. Desembarcamos e hicimos una visita al templo ptolemaico dedicado a Horus, que se conserva en perfecto estado. Esa tarde paramos en Kom Ombo para visitar el templo ptolemaico de Sobek (el dios cocodrilo) y Haroeris, con sus magníficos relieves y sus cocodrilos momificados. Luego pude fotografiar la puesta de sol (maravillosa y brevísima puesta de sol en el Nilo). Era de noche cuando llegamos a Asuán. A la mañana siguiente dimos el típico (pero agradable) paseo en falúa, pasando al lado de la isla Elefantina para llegar hasta el lugar donde se levanta el Mausoleo del Aga Khan. En el mercadillo que hay en ese lugar compramos diversos objetos (entre ellos una pandereta y un raro instrumento musical de cuerda supuestamente nubios). Por la tarde echamos una ojeada a la presa de Asuán. Pasamos sobre la famosa primera catarata, ahora sin agua porque el curso del río ha sido desviado. A lo lejos, en su isla, se veía el templo de Filae. Luego dimos un largo paseo por la ciudad. Atravesamos un parque público, en el que un hombre rezaba, postrado en el suelo, frente a una pared desnuda. Recorrimos una larga calle comercial que acababa en un descampado, cerca de una mezquita. Tiendas diversas, puestos callejeros. Droguerías oscuras y algo siniestras, una barbería, un chivo atado a la puerta de una carnicería. En la calle, una tinaja con agua y una lata para los transeúntes sedientos. Esa noche debíamos ir al Espectáculo de Luz y Sonido, en Filae. Pero, al parecer, unos importantes personajes estaban visitando la ciudad y, esa noche, el espectáculo iba a celebrarse sólo para ellos. Así fue como el largo brazo de la vaca que ríe (así llaman en Egipto a Mubarak) nos impidió ver Filae. Abu SimbelEl 1 de Marzo era domingo. Por la mañana tomamos el avión de Abu Simbel. Un corto viaje, que también puede hacerse atravesando el desierto por Por fin, al lado del lago, apareció el gran templo hipogeo, que se veía minúsculo desde la altura. Aterrizamos y nos encaminamos hacia él. El aspecto exterior del templo es sobradamente conocido. En el interior, los relieves son realmente magníficos, y sorprenden las pequeñas salas excavadas (más bastamente) en lo más profundo de la roca. El Después de ver ambos, visitamos la cúpula de hormigón que protege el mayor en su nuevo emplazamiento. Tiene, por cierto, un feo aspecto de central nuclear (afortunadamente, no puede verse desde el exterior). Regresamos desde Abu Simbel a Asuán, pero no salimos del aeropuerto. Esperamos largas horas al avión que tenía que devolvernos a Madrid. Por fin pudimos subir a bordo y, después de un viaje muy movido, llegamos a Madrid vía Barcelona. Aterrizamos en Barajas de madrugada. Mientras esperábamos el avión que iba a traernos de vuelta a casa, al acordarnos del aeropuerto de Asuán creíamos estar en un hotel de lujo.
Relato de un viaje e Egipto. |
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