Relatos de viaje - Travelogue

Irlanda (relato de viaje)

Por PACO LOZANO


Afortunadamente, un número importante de irlandeses vienen cada año de vacaciones a la Costa del Sol. De ahí que haya vuelos directos entre Irlanda y Málaga. Así que nosotros aprovechamos uno de esos vuelos directos, de la compañía Aer Lingus, para volar en tres horas de Málaga a Dublín el 4 de julio de 2011.

Viaje a IrlandaNuestra intención era realizar un viaje independiente por Irlanda (incluyendo Irlanda del Norte). Habíamos reservado un coche con Hertz a través de la web de Aer Lingus, lo que nos supuso un apreciable ahorro. Habíamos reservado también los hoteles en que íbamos a alojarnos a lo largo y ancho de la isla. Así que, después de aterrizar y tomar algo en el aeropuerto, recogimos el coche (un Kia Sportage automático; con el volante a la derecha, por supuesto, ya que, como es bien sabido, en Irlanda se conduce por la izquierda). Luego, tras colocar en el parabrisas del vehículo el navegador que traíamos de casa, nos dirigimos hacia el sur. Porque la visita a Dublín la reservábamos para algunos días después.

En nuestro camino al sur, hicimos una parada en las ruinas del monasterio de Glendalough. Situadas en un paraje impresionante, las ruinas de este vasto conjunto monacal, que surgió en el siglo VI y se mantuvo activo hasta el XVI, comprenden una alta y estrecha torre cilíndrica, las ruinas de una catedral y de varias iglesias, un pequeño oratorio llamado St Kevin´s Kitchen, numerosas tumbas (algunas adornadas con cruces celtas), etc.

Pasamos la noche en el hotel Faithlegg House de Waterford, un palacete que alberga un club de golf en el que habíamos hecho a buen precio una reserva no reembolsable. Está situado en pleno campo. Nos costó encontrarlo.

Kilkenny

El 5 de Julio partimos hacia Kilkenny. Se trata de una pequeña y bonita ciudad que cuenta con muchos edificios medievales, entre ellos un castillo, que visitamos por la mañana. Comimos en un pub situado frente a la que fue la casa de Alice Kyteler, condenada por brujería en el siglo XIV. Después subimos hasta la Catedral de Saint Canice, que cuenta con una de esas estrechas torres cilíndricas tan abundantes en Irlanda (la particularidad de la de la catedral de Kilkenny es su perfecto estado de conservación) y paseamos por las calles de la ciudad.

Teníamos prevista para esa tarde la visita de Cashel, en el condado de Tipperary. La que se conoce como Rock of Cashel es una fortaleza situada sobre una gran roca cuya historia comienza mucho antes de la invasión normanda. Por supuesto, lo que hoy puede visitarse son sólo sus ruinas. Nosotros no pudimos hacer la visita, porque nos habíamos entretenido tanto en la bella Kilkenny que, cuando llegamos a los pies de la antigua e impresionante fortaleza de Cashel, encontramos sus puertas cerradas. Llovía.

Hicimos noche en la ciudad de Cork.

El Ring of Kerry

El 6 de Julio lo dedicamos a recorrer el Ring of Kerry (el anillo de Kerry), un afamado circuito situado en el Condado de ese nombre. El Ring of Kerry comienza en Killarney, y regresa a la misma ciudad después de haber recorrido la península de Iveragh. Puede hacerse en el sentido de las agujas del reloj o en el contrario (así es como lo hacen los autobuses turísticos para no cruzarse entre sí por las estrechas carreteras del ring, y así es como lo hicimos nosotros). Recorrimos la parte norte de la península hasta llegar a su extremo, donde la isla de Valentia está unida a Irlanda por un puente. Lo cruzamos y exploramos la isla por sus estrechísimas carreteras. De vuelta, seguimos el ring hacia el sur, hasta llegar a la bahía de Derrynane, con su impresionante playa junto a la que se levanta una mansión señorial (la Derrynane House), que no pudimos visitar porque estaba ya cerrada. Eso sí, recorrimos su espléndido parque hasta desembocar en la playa. Más adelante, nos desviamos por una de esas estrechísimas carreteras irlandesas de doble sentido en las que no pueden cruzarse dos coches para llegar al fuerte Staigue. Se trata simplemente de una muralla circular, de piedras sueltas, reconstruida en el siglo XIX (aunque parece que sus orígenes se remontan a los primeros siglos de nuestra era). En mi opinión, no merece la pena desviarse para verlo. Claro que mi opinión puede estar sesgada por el hecho de que las incursiones en la isla de Valentia y el fuerte Staigue nos retrasaron e hicieron que llegáramos al Parque Nacional de Killarney después de ponerse el sol, lo que impidió contemplar sus hermosísimos paisajes como merecen. Mi consejo: si tienes ocasión de recorrer el ring of Kerry, no hagas caso a las guías de viaje y hazlo en el sentido de las agujas del reloj. Verás las montañas y lagos de Killarney a la luz de la mañana y, si te anochece en el camino, será en la parte norte, menos interesante.

Limerick y los acantilados de Moher

El 7 de Julio viajamos a la ciudad de Limerick. Aparcamos el coche en un parking en el centro histórico, junto al río, y, dejando atrás la catedral, caminamos hacia el castillo del Rey Juan (del siglo XII) y estuvimos recorriendo las salas de sus torres, su gran patio y sus almenas. Cuando terminamos era hora de comer, lo que hicimos en un agradable pub del centro de la ciudad.

Luego continuamos viaje hasta los acantilados de Moher, que constituyen una de las principales atracciones turísticas de Irlanda. Se elevan más de cien metros sobre el nivel del mar (en algún punto llegan a superar los 200 m) y son algo digno de ver. Junto a ellos se ha construido un enorme aparcamiento (de pago, por supuesto) desde el que se accede a un centro de visitantes (con cafetería, sala de proyecciones, etc.) y a los caminos peatonales que recorren los acantilados en toda su extensión. Es una lástima que nos tocara recorrer esos caminos bajo la lluvia y entre la niebla, pero así es el clima en Irlanda.

Esa noche dormimos en Galway.

Connemara

El 8 de Julio lo dedicamos a visitar la región de Connemara, una península situada al oeste de Galway, salpicada de montañas y lagos, que constituye una de las últimas zonas prácticamente vírgenes que quedan en Irlanda. Esta vez iniciamos el recorrido en el sentido de las agujas del reloj. Por la mañana visitamos el castillo de Aughnanure, de comienzos del siglo XVI, considerado como un ejemplo especialmente bien conservado de casa-torreón irlandesa. Luego vimos hermosos paisajes, lagos... Al caer la tarde visitamos las ruinas de la abadía de Cong, situadas en un entorno mágico.

Clonmacnoise

El 9 de Julio cruzamos Irlanda de Oeste a Este, de Galway a Dublín, y aprovechamos para visitar las ruinas del conjunto monástico de Clonmacnoise, situadas en el corazón del país, a orillas del río Shannon. Este conjunto, ligado históricamente a la evangelización de Irlanda, contiene las ruinas de varios templos, una alta torre circular irlandesa, numerosas tumbas y dos hermosas cruces celtas.

Al atardecer dimos un largo paseo por el centro de Dublín. Partiendo de Harcourt Street y pasando por St Stephens' Green, llegamos hasta el Temple Bar.

Derry

El 10 de Julio emprendimos viaje hasta Derry (Londonderry para los ingleses), en Irlanda del Norte. Teníamos una habitación reservada en el City, un hotel grande y bastante confortable situado muy cerca del recinto amurallado. Tuvimos la suerte de encontrar una plaza en el pequeño parking del hotel, por lo que el aparcamiento nos salió gratis. Después de instalarnos, salimos a recorrer la vieja Derry. Era domingo, y las calles estaban vacías; casi parecía una ciudad fantasma. Recorrimos el paseo de las murallas, con sus viejos cañones. Desde allí pueden verse los diferentes barrios extramuros, entre ellos algún barrio católico que exhibe grandes murales que hacen referencia al viejo enfrentamiento entre católicos y protestantes ("Está usted entrando en la Derry libre"...). Luego bajamos al Diamante (la plaza central de Derry) y recorrimos las calles intramuros. Finalmente, después de salir del recinto amurallado, cruzamos el río Foyle y contemplamos la ciudad desde la orilla opuesta.

La Calzada del Gigante, el puente de cuerdas de Carrick-a-Rede y Belfast

El 11 de Julio lo dedicamos a recorrer la preciosa costa de Irlanda del Norte, que se mantiene en gran medida intacta. Primero nos dirigimos a la llamada Calzada del Gigante (Giant's Causeway), una zona que contiene unas 40.000 columnas de basalto provenientes del enfriamiento relativamente rápido, hace unos 60 millones de años, de la lava de un cráter volcánico. Es un lugar muy visitado, y, desde luego, merece la pena acercarse hasta allí.

Después de comer en el bar del Causeway Hotel, retomamos el camino hacia Carrick-a-Rede. Allí, en una zona costera de gran belleza, hay un puente colgante por el que se accede a una pequeña isla. Las vistas, desde el puente y desde la isla, son espectaculares.

Nuestra ruta acababa en Belfast. Después de instalarnos en el hotel, salimos a recorrer la ciudad. El ambiente estaba enrarecido, porque era la víspera del día en que los orangistas (protestantes) celebran su gran marcha para conmemorar la victoria de Guillermo de Orange sobre los católicos en la batalla del Boyne (1690). Vimos pasar algunos coches de bomberos. Desde algún barrio periférico se elevaban hacia el cielo columnas de humo. Más tarde, de vuelta al hotel después de haber cenado en un restaurante italiano, oímos algunas explosiones lejanas. Al día siguiente, los periódicos hablarían de que hubo 22 policías heridos en los disturbios que se produjeron en Belfast esa tarde-noche.

Dublín

El 12 de Julio, cuando salimos del hotel, se estaba celebrando la marcha de la Orden de Orange. Consideramos la idea de quedarnos a verla, pero pensamos que era más importante llegar a Dublín con tiempo de visitar tranquilamente la ciudad.

De camino a la capital de la República de Irlanda, nos detuvimos en Monasterboice, conjunto monumental constituído por las ruinas de dos iglesias, una torre circular y un cementerio que cuenta con algunas cruces celtas consideradas como las más interesantes de todo el país.

En Dublín, habíamos reservado habitación en el Jurys Inn Christchurch, situado frente a la catedral de la Santísima Trinidad, conocida popularmente como Christ Church. Nos dieron una habitación con un ventanal enorme (en realidad, ocupaba prácticamente toda la pared) con vistas a la catedral.

Una vez instalados, salimos a recorrer Dublín. Primero, ya que la teníamos enfrente, visitamos la Christ Church, la más antigua de las dos catedrales medievales de la ciudad. Luego recorrimos la ciudad hasta llegar a su otra catedral, la de San Patricio, que estaba cerrada. A continuación nos dirigimos al castillo de Dublín, que en su mayor parte data del siglo XVIII, aunque cuenta con algunas torres medievales.

Esa noche, un poco hartos de la monótona comida irlandesa, cenamos en el Salamanca, un restaurante español. Pedimos una tapa's tower para dos, una verdadera torre de tapas, que colgaban de un armazón. Entre ellas, unos langostinos al pil-pil y unos chorizos a la sidra buenísimos. Aunque también había un platito que contenía unos vegetales(?) durísimos, alargados y verdes, inidentificables, que no pudimos comer. No, no eran espárragos. O, si lo eran, pertenecían a una variedad rara e incomestible.

Después de haber dormido en nuestra magnífica habitación frente a la catedral, dedicamos nuestra última mañana en Dublín a recorrer sus calles, el Trinity College, los puentes sobre el río, el Temple Bar... Luego, emprendimos el camino del aeropuerto para devolver el coche y tomar el avión de regreso.

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