Relatos de viaje - Travelogue

Israel y Palestina (relato de viaje)

Por PACO LOZANO


Después de haber pasado cuatro días en Jerusalén, el 28 de diciembre de 2008 dejamos la ciudad, en autobús, para dirigirnos a Galilea. Partimos en dirección este, hacia el Mar Muerto. De inmediato, entramos en el territorio de Cisjordania (que está bajo el control de la Autoridad Palestina), sin pasar ningún control. Cisjordania es, hoy por hoy, como una ratonera: es muy fácil entrar (uno entra sin siquiera darse cuenta) pero no es tan fácil salir. Al menos, no para los palestinos.

Palestina

Dromedarios en CisjordaniaCruzamos el desierto de Judea, hábitat de los beduinos, siempre en dirección este. En Palestina las distancias son cortas, y el desierto de Judea no abarca mucho más de 50 kilómetros. Al final está el oasis de Jericó y, un poco más lejos, el Mar Muerto, que, junto con el río Jordán, sirve de frontera con Jordania. Bordeamos Jericó para, a continuación, girar hacia el norte y atravesar Cisjordania sin separarnos mucho del río (ni de la alambrada que cierra la ratonera en la que se han convertido los territorios palestinos). La carretera que seguimos no atraviesa ninguna ciudad, sólo una tierra semidesértica en la que de vez en cuando puede verse algún pequeño pueblo. Vemos algunos cultivos en plástico, palmerales, un gran rebaño de dromedarios... y un país pobre habitado por gente pobre.

Finalmente, llegamos de nuevo a territorio israelí, después de cruzar una auténtica frontera custodiada por policías equipados con armas de guerra. Al entrar en Israel, el paisaje cambia bruscamente y pasa del color terrizo del suelo desnudo al verde de los cultivos de regadío. Seguimos en la misma tierra, pero hemos entrado en otro mundo.

La Galilea interior

Nos detenemos en el sitio arqueológico de Bet Shean (o Beit She'an) para visitar el teatro y las termas de época romana. Recorremos un trecho de la gran avenida flanqueada de columnas que conduce a la colina en la que se encuentran los restos más antiguos (de época bíblica), pero nos dicen que no tenemos tiempo para subir: hay que continuar hasta Nazaret. Es lo que tienen los viajes en grupo.

En Nazaret, visitamos esa fea mole de cemento que es la basílica de la Anunciación. En la plaza que hay ante la basílica, una antigua pancarta escrita en árabe protesta por la prohibición de construir una mezquita en ese lugar (al menos, eso es lo que nos cuentan cuando preguntamos qué dice la pancarta). A su lado, otra pancarta, ésta colocada recientemente, protesta por los bombardeos israelíes sobre Gaza que están teniendo lugar ahora mismo. Comemos en un chiringuito musulmán en el que no se sirve alcohol (no para solidarizarnos con los palestinos, sino porque es el único que encontramos abierto).

Finalmente llegamos a la ciudad de Tiberias, situada a orillas del lago Tiberiades (conocido también como el mar de Galilea). En Tiberias se aloja la mayor parte del turismo de la región, que no se basa solo en los atractivos del lago y de los baños, sino también en los diversos lugares de peregrinación que, tanto para cristianos como para judíos, existen en los alrededores. En la orilla opuesta del lago, casi totalmente ocultos por la bruma, están los altos del Golán, territorios arrebatados por Israel a Siria hace ya casi medio siglo.

Nuestro hotel, el Royal Plaza, está fuera del casco urbano. No es un hotel recomendable desde ningún punto de vista. Aunque estoy seguro de que los hay peores, porque la infraestructura hotelera de Israel deja bastante que desear.

El día 29-12-2008 va a ser, para nosotros, un día dedicado a la peregrinación. No, no es que hayamos contratado un viaje religioso: es que el turismo, en Israel, está enfocado de ese modo. Si lees el folleto informativo de cualquier mayorista, verás que sus circuitos incluyen cosas como la "carpintería de San José" (?), la "casa de San Pedro" en Cafarnaúm, el Monte de las Bienaventuranzas, etc. Así que, o bien te decides a viajar por libre (lo que en Israel puede resultar un poquito más problemático que en otros países), o te lanzas con los ojos cerrados a la experiencia religiosa de un viaje a Tierra Santa (puede que merezca la pena, aunque antes tengas que convertirte)... o te haces a la idea de que debes conformarte con lo que hay y aguantas estoicamente el chaparrón.

Empezamos la jornada de peregrinación junto al río Jordán, en las instalaciones que un kibbutz ofrece a quienes quieren bautizarse por inmersión en el mismo río en el que Juan el Bautista bautizó, de esa manera, a Jesús. Hay varias zonas preparadas para la celebración de las ceremonias bautismales, con el fin de que distintos grupos puedan realizarlas simultáneamente. En estas fechas invernales, sin embargo, no parece que haya precisamente tortas por sumergirse en el Jordán. En todo caso, no vemos a nadie dispuesto a hacerlo durante nuestra estancia en el lugar. Sólo algunos patos disfrutan, a estas horas de la mañana, de las aguas del río sagrado.

El kibbutz tiene una enorme tienda de recuerdos, en la que cualquiera que tenga dinero puede comprar. No se exige certificado de bautismo.

Dejamos el kibbutz y nos dirigimos al monte Tabor. Los autobuses no pueden recorrer el empinadísimo último tramo de la carretera, de curvas muy cerradas, y eso proporciona un saneado negocio a los beduinos asentados en la falda del monte. Ellos son los que suben y bajan a los viajeros. No, no precisamente a lomos de camello, sino en prosaicas furgonetas.

Después, vamos a Tabgha, junto al lago. Este es el lugar en el que la tradición afirma que se produjo el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Resulta agradable acercarse a la orilla. Los altos del Golán siguen ocultos por la bruma.

Luego nos acercamos a Cafarnaúm, donde pueden verse las ruinas del antiguo pueblo y las ruinas de las primeras iglesias que se erigieron en el lugar en el que se supone que estaba la casa de Pedro. Actualmente, en ese lugar hay una iglesia moderna elevada sobre pilares. La zona central de la iglesia tiene el suelo de cristal, y a través de ese suelo transparente puede verse el lugar exacto en que, supuestamente, se encontraba la casa del apóstol. Muy cerca de la iglesia pueden verse los restos (paredes, columnas) de un lujoso edificio de estilo clásico: se trata de una sinagoga de la época romana, levantada en el lugar que anteriormente ocupó la sinagoga en la que se supone que predicó Jesucristo.

La costa mediterránea

Mezquita de Al Jazzar Pachá, Acre30-12-2008. Penúltimo día del año y de nuestro viaje. Partimos hacia la costa mediterránea. No tardamos mucho tiempo en llegar a Acre (Akko para los judíos; San Juan de Acre para los cruzados). Acre, ciudad marítima que pasa por ser una de las más antiguas del mundo, tiene un pequeño casco histórico que merece ser recorrido con detenimiento. Nosotros, después de patear las salas y pasadizos de la llamada ciudad subterránea de los cruzados, sólo tenemos tiempo para hacer una breve escapada por las callejas y zocos de la ciudad vieja mientras los demás regatean en alguna tienda. De nuevo se hacen patentes las desventajas de viajar en grupo. Al volver, caminando, hasta el autobús, pasamos ante la mezquita otomana de Al Jazzar Pachá. Lástima no haber podido pasar más tiempo en Acre.

Emprendemos nuestro camino hacia el sur, a lo largo de la línea de la costa, y llegamos a Haifa, ciudad moderna e industrial que está parcialmente situada en la ladera del Monte Carmelo. Desde las alturas de la calle situada por encima de los jardines del templo Bahá'í, que descienden por la ladera, se tiene un magnífico panorama de la ciudad y su puerto. Jardines Bahá' í, HaifaDespués de realizar esa parada imprescindible, continuamos subiendo al Monte Carmelo, en uno de cuyos promontorios está el monasterio carmelita Stella Maris. La iglesia actual, del siglo XIX, está construida sobre la gruta en la que, según la tradición, vivió el profeta Elías.

El siguiente alto en nuestro camino es Cesarea Marítima, ciudad construída por Herodes el Grande. Haciendo honor al nombre de la ciudad, los restos que de ella se conservan están al borde del mar (incluso sumergidos en él). El antiguo teatro ha sido totalmente reconstruído para ser utilizado en espectáculos. Entre los restos que pueden verse junto al teatro destacan los de un hipódromo, bastante bien conservado. Más lejos, en una playa continúa en pie un acueducto (cuya imagen, probablemente, sea la más conocida de Cesarea Marítima).

Finalmente llegamos a Tel Aviv. Antes de ir al hotel hacemos una breve parada en Jaffa (también se escribe Yafo o Yaffo), el antiguo puerto a partir del cual surgió la ciudad moderna. Actualmente, en Jaffa pueden verse galerías de arte, tiendas de recuerdos, restaurantes, etc. Es el principal foco de atracción para los viajeros que pasan por Tel Aviv.

31-12-2008. Paseamos por Tel Aviv hasta la hora de tomar el avión de vuelta. Tel Aviv posee edificios modernos, pero básicamente es una ciudad de Oriente Medio. En Ben Yehuda, una de sus calles principales, paralela a la línea de la costa, hay pequeños negocios que exhiben su mercancía en la acera, y casas en ruinas o en un estado de conservación lamentable. Callejeando, nos metemos en un zoco. Uno podría pensar que está en cualquier ciudad del Medio Oriente árabe, pero nunca pensaría que está en París, en Londres, en Madrid o en Roma.

Para entrar en un centro comercial (pronto comprobaremos que se trata de un centro comercial fracasado, la mayor parte de cuyos locales están vacíos) tenemos que pasar un control, con arco detector de metales y scanner. Estamos en Israel.

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