|
|
|
Safaris en Kenia y Tanzania (relato de viaje) |
||
PACO LOZANO El 9 de Julio de 2007 llegamos a Nairobi, vía Bruselas. Nuestro hotel, el Safari Club, tiene la ventaja de estar a un paseo del centro de la ciudad. Por lo demás, no tiene nada de destacable. Nada más llegar al hotel se nos hizo patente que el tiempo en África no tiene el mismo valor que en Europa: nos lo hicieron comprender los empleados del hotel, que tardaron una eternidad en hacer unas fotocopias y en servirnos algo de cenar en la cafetería. Amboseli y los masaisAl día siguiente partimos hacia el Parque Nacional de Amboseli, por
carreteras llenas de baches. Este parque está junto a la frontera con
Tanzania, y uno de sus atractivos es el de estar dominado por la cumbre
eternamente nevada del Kilimanjaro. El día 11 iniciamos el safari muy temprano. Había
despejado la niebla, y pudimos contemplar el Tanzania y el Parque Nacional de Tarangire Saliendo del Parque de Amboseli, proseguimos viaje hacia Namanga, lugar
donde se encuentra el paso fronterizo más transitado entre Kenia y
Tanzania. Después de los correspondientes trámites y el pago del visado
de entrada (50$ por cabeza) cambiamos de vehículo y entramos en
Tanzania. Comimos en Arusha y continuamos hacia el Parque Nacional de
Tarangire. Ya en el parque y camino del lodge pudimos
contemplar desde el coche, que era un Land Rover adaptado, un hermoso En la mañana del 12 hicimos un safari por el Parque Nacional de
Tarangire, caracterizado por la abundancia de El mítico SerengetiLuego nos encaminamos hacia el Serengeti, considerado como uno de los mayores santuarios faunísticos del planeta. Cuando llegamos al lodge, situado en el interior del parque, tuvimos unas palabras acerca del coche con el guía, que se cerraba en banda argumentando que, como estábamos en temporada alta, su empresa no disponía de ningún vehículo para sustituirnos el Land Rover averiado. Después de una bonita discusión en el vestíbulo del lodge y de alguna llamada telefónica íbamos a conseguir que al día siguiente nos cambiaran el coche, aunque con eso no terminarían nuestros problemas, como más adelante se verá. El día siguiente lo dedicamos a recorrer el Serengeti, o, mejor dicho,
algunas zonas del mismo no demasiado alejadas de nuestro o demasiado alejadas de nuestro lodge (que
estaba en Seronera, la zona central de parque). En esta época del año
tiene lugar la gran migración de centenares de miles de
ñúes, cebras y gacelas desde el Serengeti al Masai Mara, en Kenia. El
guía nos había dicho que en ese momento, la migración estaba al norte
del parque (demasiado lejos para que pudiéramos verla). Sin embargo,
alcanzamos a ver una parte de ella, una gran concentración de ñúes y Como antes dije, el Serengeti es una inmensa llanura. En medio de la
planicie, se alzan islas de rocas llamadas kopjes, que sirven
de refugio a leopardos y leones. En uno de estos kopjes pudimos
ver ¿Me permitís una recomendación? Si tenéis ocasión, visitad el Serengeti. La garganta de Olduvai y el cráter del Ngorongoro En la tarde del 14 llegamos a la Nuestro lodge estaba en el borde del cráter. Desde allí se contempla un espectáculo grandioso: nos rodea una espesa selva tropical, pero el interior del cráter, de entre 16 y 20 km. de diámetro, alberga una sabana semidesértica, un gran lago y bosques de acacias repletos de vida salvaje. En la mañana del 15 bajamos al cráter y lo recorrimos en nuestro
vehículo. Tuvimos ocasión de contemplar, entre otros muchos animales,
pelícanos y Un terremoto de cuatro o
cinco segundos de duración amenizó nuestro almuerzo en el bonito comedor
del Ngorongoro Sopa Lodge. Por la tarde realizamos un safari a pie: acompañados por un ranger (que cobraba 20
dólares por persona) dimos un paseo de algo más de una hora por el borde
del cráter, siguiendo la mayor parte del tiempo los senderos de los masais. El único inconveniente era que el camino estaba sembrado de
excrementos del ganado de éstos, y a veces también de elefante y de
búfalo, inconveniente agravado por la circunstancia de que, a trechos,
la senda (con todo lo que contenía) se perdía bajo la hierba, que nos
llegaba a la cintura. A medio camino llegamos al lugar en que se
encuentran las viviendas de los En el Ngorongoro Sopa Lodge, un empleado armado con un largo palo acompaña a la clientes que, de noche, a cielo descubierto, se dirigen a sus habitaciones. Esa noche, nuestro escolta nos dijo que había elefantes y búfalos muy cerca. Luego, se produjo otro terremoto (aunque la verdad es que yo, que ya estaba dormido, no me enteré hasta la mañana siguiente). NairobiEl 16 de julio teníamos que regresar a Nairobi, vía Arusha y Namanga. No llevábamos todavía un gran trecho recorrido cuando nos dimos cuenta de que al coche le fallaba la dirección. Poco después, la caja de cambios dijo basta, y quedó claro que era imposible continuar el viaje. El guía nos dijo que debíamos esperar dos horas hasta que llegara un nuevo vehículo desde Arusha. De nuevo tuvimos una discusión con él, y al final buscó una solución y pudimos reemprender la ruta habiendo esperado sólo la mitad del tiempo inicialmente previsto. El nuevo coche lo conducía un nuevo chófer, que tenía una particularidad: el 90% del tiempo llevaba el volante con una sola mano. No es que fuera manco, no: la otra mano la llevaba permanentemente apoyada en la palanca de cambios, en el asiento o en su rodilla. Tras comer en Arusha continuamos hasta la frontera de Namanga, y allí cambiamos de vehículo. También de chófer, y éste, de edad algo más que mediana, utilizaba las dos manos para conducir. Pero en el camino, debido al retraso que llevábamos, se nos hizo de noche, y entonces nos dimos cuenta de que veía bastante mal. Bueno, siempre era mejor que llevar rota la dirección. Después de atravesar un enorme y caótico embotellamiento provocado por la caída de un contenedor en medio de la vía, lo que pudimos hacer milagrosamente justo antes de que los vehículos que circulaban en dirección contraria cerraran completamente el paso a los que se dirigían a Nairobi, llegamos a la ciudad y nos dirigimos al famoso restaurante Carnivore, en el que cenamos. Esa noche no había en el menú ninguna carne exótica, a no ser que consideremos así al avestruz. Comimos pollo, vacuno y cordero a la parrilla, acompañados de ensaladas, salsas y buena cerveza keniana, en un ambiente elegante y agradable. El día 17 lo dedicamos a recorrer Nairobi: el Esa noche tomamos el avión para regresar a casa, vía Bruselas. Pese a los pequeños inconvenientes que tuvimos que soportar, el safari había sido memorable (en swahili, la lengua nacional de Kenia y Tanzania, safari significa viaje).
Relato de un viaje a Kenia y Tanzania. |
| Quiénes somos | Aviso legal | Publicidad |