![]()
|
|
|
Escapada al norte de Portugal (relato de viaje) |
||
PACO LOZANO El 28 de febrero de 2012 íbamos en coche por la carretera secundaria que parte de Puebla de Sanabria, en Zamora, en dirección a la ciudad portuguesa de Bragança, cuando de repente desapareció la carretera y nos encontramos sobre un suelo empedrado, entre casas de piedra recién salidas de la Edad Media. O de una película ambientada en la Edad Media. Eso sí, muy bien ambientada. Habíamos llegado a un callejón sin salida, y había que dar marcha atrás. Mi mujer se bajó del coche para ayudarme en la maniobra. Allí mismo, junto a una casa, había un anciano, que le preguntó dónde íbamos. "A Portugal", le contestó mi mujer. "Ya están en Portugal", respondió él. Bragança Llegamos por fin a Bragança y nos dirigimos a la ciudadela. O eso pretendíamos, porque la verdad es que dimos alguna que otra involuntaria vuelta por las grandes avenidas de la ciudad nueva antes de llegar allí. Aparcamos junto al castillo, y, en primer lugar, hicimos una visita a la iglesia de Santa Maria do Castelo, situada unos a unos pocos metros, con su pórtico barroco y sus paredes pintadas de blanco. Al lado de la iglesia está el Luego entramos al castillo, cuya Y después tomamos la ruta de Chaves, guiados por nuestro navegador. O al menos eso creíamos. Porque la carretera estaba cortada por obras en mil y un puntos, y a cada paso el navegador pretendía que tomáramos un camino que estaba cerrado, y como no podíamos hacerlo tenía que calcular una nueva ruta, y... bueno, incluso llegó un momento en que nos dimos cuenta de que durante los últimos diez o quince minutos habíamos conducido en círculo. La hora de comer nos pilló en Mirandela, aunque si miras el mapa te darás cuenta de que para ir a Chaves no debíamos haber llegado tan al sur. Nos detuvimos en el centro comercial de Pingo Doce, y nos sumamos al puñado de comensales con aspecto de campesinos que estaban sentados a la mesa. Yo me tomé una hermosa chuleta de ternera, y mi mujer unos filetes de cerdo. Todo ello acompañado, al estilo portugués, de una gran fuente de patatas fritas, ensalada y arroz (para no hablar del pan y las aceitunas que nos sirvieron de entrada), regado por dos cervezas y rubricado con dos cafés. La comida nos salió por 15€. Viajar por Portugal tiene sus inconvenientes, pero también sus ventajas. Chaves Por fin llegamos a Chaves, que es una antigua ciudad termal. Habíamos reservado habitación para dos noches en el Hotel Forte de São Francisco, porque tiene su aquel eso de dormir en un antiguo fuerte portugués. Pero al llegar nos encontramos con que todo el hotel estaba invadido por un penetrante olor a disolvente para pintura. En especial el ala en la que nos habían dado la habitación, que, al parecer, era la que habían pintado más recientemente. En lo que nos quedaba de día nos dio tiempo a recorrer la bonita ciudad de Cenamos en la Adega de Faustino, una bodega tradicional portuguesa de ambiente rústico y familiar, con buena cocina y precios moderados. Muy recomendable, salvo que te asusten cosas como el suelo empedrado y los hules en las mesas de madera. Guimarães Huyendo del olor a disolvente, cogimos el coche y tomamos el camino de Guimarães, considerada como la cuna de la nación portuguesa. Primero visitamos el Braga Y por la tarde nos dio tiempo a ver Braga, la ciudad que reza (según dicen los portugueses). Por supuesto, empezamos por la catedral, que comenzó su historia siendo un templo románico y luego pasó a ser gótica, pero cuyo corazón es barroco. Después de ver la catedral, recorrimos la vieja Braga: la plaza del Luego cogimos el coche para continuar viaje hasta Oporto, donde íbamos a hacer noche. Oporto El día 1 de marzo de 2012 bajamos desde nuestro hotel, en la zona norte de la ciudad, hasta el centro histórico. Dejamos el coche en un parking situado al lado del edificio neoclásico del Palacio de la Bolsa. A pocos minutos de allí está Cais de Ribeira, la zona del antiguo muelle a orillas del Duero. Hacia allí nos dirigimos. Pasamos ante la antigua Alfândega, casa natal de Enrique el Navegante (por lo que es conocida también como la Casa do Infante), y llegamos al bullicioso y soleado muelle, dominado por el emblemático puente Dom Luís I, construido por un discípulo de Eiffel.
Más tarde subimos, por estrechas y empinadas callejas, hasta la Sé, situada en un alto que ofrece vistas panorámicas de la ciudad. La catedral, faltaría más, es románica, gótica y barroca. A pocos metros de ella afloran las rocas del cerro en que está edificada, lo que no es muy frecuente en una ciudad. Luego descendimos hacia la famosa Comimos en un lujoso ristorante italiano. Creo que esa fue la comida más cara de este viaje a Portugal. Después de comer, continuamos callejeando por Oporto. Cuando nos sentamos a tomar un café frente a la Igreja dos Clérigos, cuya torre es la más alta de Portugal, empezaron a caer unas gotas. Luego, cuando bajábamos hacia el aparcamiento situado junto al Palacio de la Bolsa, en el que habíamos dejado el coche, empezó a llover en serio. Nos refugiamos en un iglesia. Dejó de llover, y pudimos llegar sin problemas hasta el parking. Y todavía tuvimos tiempo para llegar a Al día siguiente bajamos desde Oporto hasta el puente internacional sobre el Guadiana que desemboca en Ayamonte, por autopista, en 5 horas y media. Digan lo que digan, entrar en la UE le ha sentado bien a Portugal.
Relato de un viaje a Portugal. |
||
| Quiénes somos | Contacto | Aviso legal | Publicidad |