Relatos de viaje - Travelogue

Sri Lanka (relato de viaje)

Por PACO LOZANO


Sigiriya y Polonnaruwa

El 23 de febrero de 2014 llegamos al aeropuerto de Colombo, en Sri Lanka, vía Doha, volando con Qatar Airways. Habíamos dormido muy poco las dos últimas noches (la última, volando en dirección contraria a la del sol, había sido una noche muy corta; la anterior fue la del madrugón para salir de viaje). Sri Lanka: SigiriyaEse día, sin poder tomar café (no había dónde tomarlo en el área de LLegadas del aeropuerto de Colombo; y, que supiera nuestro guía, tampoco en ruta) tomamos el camino de Sigiriya. Porque íbamos a dormir a los pies de la Roca del León.

Lo primero que te sorprende al llegar al país es la forma de conducir de los srilanqueses: adelantan en curvas sin visibilidad, con raya continua... en cualquier circunstancia, porque esperan que el que viene de frente frene (e incluso salga al arcén) para dejarles pasar. Parece ser una regla no escrita que todos conocen, así que un trayecto por carretera se convierte, inevitablemente, en una sucesión de adelantamientos sin visibilidad, frenazos y salidas al arcén. Emocionante, y más teniendo en cuenta que viajas sin cinturón de seguridad, que sólo existe en los asientos delanteros. Pero, al cabo de varios días, te acostumbras. O casi.

Nuestro hotel de Sigiriya era el Sigiriya Village, situado muy cerca de la roca e integrado por bungalows dispersos en un enorme y magnífico jardín-selva tropical. Las zonas comunes (comedor y bar) tienen techo, pero no paredes. No se necesitan, porque allí la temperatura siempre es agradable.

Esa noche comenzó de pronto a caer una fuerte lluvia, lo que no debía ser precisamente excepcional, porque en los bungalows y en la zona de recepción hay paraguas para uso de los clientes del hotel. En nuestro cuarto de baño, la lluvia pasó a través del techo y comenzó a caer sobre el lavabo. Al ir a cenar lo comunicamos en recepción y, poco después, nos llevaron a la mesa la llave de una nueva habitación.

Al día siguiente visitamos Sigiriya, un sitio arqueológico dominado por una enorme columna de roca sobre la cual pueden verse las ruinas de un antiguo palacio. Según cuentan las crónicas, el sitio de Sigiriya fue seleccionado por el rey Kasyapa, en el siglo V, como sede de su nueva capital. Kasyapa hizo que construyeran su palacio sobre la gran roca y decoraran los laterales de ésta con coloridos frescos, algunos de los cuales pueden contemplarse aún. En una pequeña meseta, a mitad de camino de la cima, se construyó una entrada en forma de león. Las escaleras de acceso están situadas entre las enormes zarpas del animal. El nombre del lugar se deriva de esta estructura: significa la Roca del León. La subida a la cima es dura, pero el panorama que se ve desde allí hace que haya merecido la pena el esfuerzo.

Por la tarde fuimos a Polonnaruwa, una de las antiguas capitales de Sri Lanka, sede de los reyes cingaleses desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las ruinas de Polonnaruwa cuentan, dentro su enorme extensión, con numerosos monumentos bien conservados, la mayor parte de los cuales son religiosos. Entre ellos destacan los Budas de Gal Vihara, tres grandes budas esculpidos en una pared rocosa: el primero está sentado, en meditación; el segundo en pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, postura que representa la iluminación; el tercero, de quince metros de longitud, está acostado, en el nirvana. Éste último está considerado como la estatua más perfecta de Sri Lanka.

Dambulla y Kandy

El 25 de febrero fuimos a Dambulla, donde se encuentra el Templo de Oro, también llamado Templo de la Cueva. El de Dambulla es el complejo de templos-caverna más grande y mejor conservado del país, y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los elementos más interesantes del complejo están distribuidas en cinco cuevas-santuarios, que contienen estatuas y pinturas, casi todas relacionadas con Buda y su vida. Hay más de 150 estatuas. Aunque la inmensa mayoría de ellas son de Buda, también hay algunas de reyes de Sri Lanka y de dioses hindúes. Las paredes y techos de las cuevas están cubiertos de murales. El conjunto resulta impresionante.

Por la tarde visitamos la bonita ciudad de montaña de Kandy, que se alza en torno a un lago artificial. Destaca en Kandy el Dalada Maligawa. Construido junto al lago, el Dalada Maligawa es un conjunto arquitectónico formado por diversos pabellones en el que se encuentra el Templo del Diente de Buda, principal centro religioso de los budistas (lo que convierte a Kandy en el corazón del budismo en Sri Lanka). Los cingaleses, que suponen más del 80% de la población del país, son mayoritariamente budistas, mientras que los tamiles, que forman el segundo grupo étinico en importancia, son hinduístas. Nuestro guía es budista, y reza cada vez que visitamos un templo. Aunque parece desconocer bastante los pormenores de su religión: cuando le hacemos alguna pregunta sobre ella, no es raro que responda, encogiéndose de hombros: "¡Cosas de Buda!".

Pinnawala y Nuwara Eliya

El 26 de febrero por la mañana fuimos al Orfanato de Elefantes de Pinnawala, que, como su nombre indica, fue fundado originalmente con el fin de proporcionar cuidados a los elefantes huérfanos, Sri Lanka: Pinnawalalactantes todavía, que vagaban por los bosques de Sri Lanka. Actualmente, Pinnawalla cuenta con la mayor manada de elefantes en cautiverio del mundo, y atrae muchos visitantes, tanto nacionales como extranjeros. Lo primero que nos sorprendió al llegar al lugar fue el gran número de colegios que, ese día, habían llevado a sus alumnos (siempre uniformados) a ver el orfanato. Uno de los colegios era de niñas musulmanas (ya dije antes que en Sri Lanka hay una minoría musulmana), y... ahí vino la segunda sorpresa. Entre las alumnas musulmanas había un par que, sobre el uniforme blanco, llevaban un velo negro que les cubría totalmente la cara, dejando sólo al descubierto los ojos. Un burka, vamos. Estas niñas especiales iban siempre rodeadas por otras, que las protegían, imagino, para que nadie pudiera fotografiarlas. Parece que el integrismo islámico está también presente en Sri Lanka.

Algunos de los elefantes pueden verse de muy cerca, incluso tocarse (como esa cría que acariciaba con su trompa el brazo de las mujeres... ¡y buscaba sus pulseras y relojes!). Pero lo más espectacular es verlos bañarse en el río, un río pedregoso en un paisaje tropical. Luego, si quieres, puedes comprar algunos plátanos para darles de comer.

Esa tarde, después de habernos dejado un buen puñado de rupias en comprar algunos recuerdos ecológicos (libretas, imanes para la nevera...) fabricados a partir de materias primas tan especiales como las heces de elefante, regresamos al entorno de Kandy. Allí visitamos el Real Jardín Botánico de Peradeniya, que alberga numerosas variedades de orquídeas, cuenta con magníficas avenidas flanqueadas de palmeras y termina en un puente colgante sobre el río desde el que se contempla un paisaje espectacular. También pueden verse en este jardín botánico gran número de enormes murciélagos colgando, como fruta madura, de las ramas de algunos árboles.

Luego continuamos viaje hacia las montañas de Nuwara Eliya, cubiertas por el manto verde de las plantaciones de té. De camino, visitamos una de las fábricas donde se elabora el famoso té de Sri Lanka.

Diyaluma, Buduruwagala y Yala

Camino de la costa sur, el 27 de febrero vemos la cascada Diyaluma, la segunda más alta de Sri Lanka, que está junto a la carretera Colombo-Badulla. Luego visitamos el complejo de Buduruwagala, un grupo de siete enormes figuras budistas esculpidas en un acantilado rocoso, que datan del siglo X. Aún quedan en ellas algunos restos de pintura. El Buda central tiene 16 m de altura. Para acercarse a las figuras hay que descalzarse y descubrise la cabeza, requisitos obligatorios para acceder a cualquier lugar sagrado budista... ¡y cómo quema el suelo, a pleno sol! Entre los no demasiados numerosos visitantes que coinciden con nosotros en Buduruwagala destaca un monje budista, que hace fotos a las figuras con su teléfono móvil (¡parece que las religiones orientales ya no son lo que eran !).

Por la tarde hicimos un safari en todoterreno por el Parque Nacional Yala, que está en la costa sudoriental de la isla. Yala es un área importante para la conservación de las aves. Alberga también muchos reptiles y numerosos mamíferos, incluyendo al elefante, y cuenta con una de las mayores densidades de leopardos en el mundo (aunque son difíciles de ver; de hecho, nosotros no llegamos a ver ninguno). Su línea costera es visitada por varias especies de tortugas marinas en peligro de extinción. La sobreexplotación turística a que está sometido el parque hace que los safaris fotográficos pueden convertirse a ratos en una caravana de vehículos todoterreno que a veces ni siquiera se mueve. No es de extrañar que algunos turistas usen mascarillas o pañuelos para protegerse de los humos de los tubos de escape.

La costa sur. Galle

El 28 de febrero bajamos hasta la costa desde nuestro hotel de esa noche, el Mandara Rosen, cercano al parque de Yala. Luego, tomamos la carretera que sigue la línea costera hasta Colombo. Llegar a la capital nos iba a llevar todo el día, porque íbamos a atravesar la zona más turística (de turismo de sol y playa) de Sri Lanka.

Hicimos una primera parada en la ciudad de Matara, para ver un templo budista construido en un islote al que se llega por un puente colgante.

La carretera de la costa que va de Matara a Galle pasa por Weligama, localidad cuyo nombre significa "aldea de arena". Costa Sur de Sri LankaLa fama de Weligama proviene de la curiosa forma de trabajar tradicional de sus pescadores: pescan encaramados en postes clavados en el fondo del mar. O, mejor sería decir, pescaban, porque la verdad es que, hoy en día, esos pescadores trabajan para los turistas: cobran por dejarse fotografiar. Si encuentras alguno subido a su poste e intentas fotografiarle sin haberle pagado antes, se bajará rápidamente. Eso nos pasó a nosotros, y dicidimos no hacer una foto pagada (¿qué gracia tiene eso?). Cambiamos la foto del pescador en el poste por la de las coloristas barcas acostadas sobre la arena, que, esas sí, son auténticas.

Esta zona de la costa de Sri Lanka fue muy castigada por el tsunami de 2004, que dejó 30.000 muertos en la isla. Cada pocos kilómetros, vemos a uno u otro lado de la carretera un pequeño cementerio. Hay muchos de estos cementerios. En ellos reposan las víctimas del tsunami. Las viviendas, los comercios y los alojamientos turísticos están de nuevo en pie. Parece que el gobierno había decidido alejarlos de la orilla, pero las cosas no son tan sencillas. Ni en Sri Lanka ni en ninguna parte.

Comimos en un restaurante para turistas de Galle, enorme, repleto y poco aconsejable. La actual Galle fue fundada por los portugueses, pero tuvo su apogeo en el siglo XVIII, bajo el dominio holandés. Luego llegaron los británicos, la dejaron de lado y optaron por Colombo.

Tras la comida, recorrimos el centro colonial de Galle; después de habernos asomado a sus poderosas murallas, que, durante el tsunami, lo salvaron de la destrucción. El calor era asfixiante.

En el último tramo de nuestro viaje, los pueblos y ciudades están enlazados entre sí, sin solución de continuidad. Como ocurre, por ejemplo, en la Costa del Sol española. Pero en Sri Lanka el tráfico es más dificultoso y más lento, mucho más dificultoso y mucho más lento. Es de noche cuando llegamos a Colombo. Cansados del día completo de viaje, nos refugiamos en el Galle Face, hotel histórico situado junto al mar, en el corazón de Colombo. El edificio del Galle Face es muy antiguo y tiene suelos de madera, por lo que las habitaciones resultan muy ruidosas. No nos importa, porque no vamos a dormir: a las 12,30 salimos hacia el aeropuerto para tomar el vuelo (los vuelos) de vuelta.

Quienes han visitado esta página también se han interesado por:
Recomendaciones para viajar a Sri Lanka
Hoteles en Sri Lanka
Fotografías de Sri Lanka

Ir arriba Relato de un viaje a Sri Lanka

Relato de un viaje a Sri Lanka.

Aviso legal  |  Contacto  |  Publicidad