Relatos de viajes

Rumanía: monasterios y castillos en los Cárpatos (relato de viaje)

Por PACO LOZANO


Monasterio de Cozia y Sibiu

En la madrugada del 9 al 10 de julio de 2012 llegamos a Bucarest, en vuelo de Alitalia procedente de Roma. Después de dormir algunas horas en el hotel NH Bucharest partimos hacia el centro del país para visitar el famoso Monasterio de Cozia. Erigido a finales del siglo XIV, conserva algunos de sus frescos originales. Sus paredes exteriores son sencillas, pero su interior, con sus espléndidas pinturas murales, es deslumbrante.

SibiuContinuamos hasta Sibiu. ciudad fundada en la Edad Media por colonos alemanes. Con el tiempo, Sibiu se convirtió en un importante centro económico y cultural de Transilvania, de la que llegó a ser capital durante casi un siglo. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio austrohúngaro, pasó a formar parte de Rumanía.

Tuvimos tiempo de visitar tranquilamente la ciudad, sin olvidarnos de su catedral ortodoxa.

Sighișoara y Bistrita

El 11 de julio partimos hacia Sighișoara, ciudad de los Cárpatos transilvanos en la que nació Vlad Drăculea, más conocido como Vlad el Empalador, príncipe de Valaquia en el que se basó Bram Stoker para crear el personaje de Drácula. Visitamos esta bonita ciudad, que ha conservado las características de un pequeña ciudad medieval fortificada y ha sido declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. En Sighișoara destaca la llamada Torre del Reloj, cercana a la casa natal del Empalador.

Continuamos hasta Biltrita, que también aparece en la novela de Stoker, donde hicimos noche.

Los monasterios pintados de la región de Bucovina

El 12 de julio cruzamos el paso del Borgo, en los Cárpatos orientales, que comunica Transilvania con la región histórica de Bucovina, hoy dividida políticamente entre dos países, Rumanía y Ucrania. Esta región es famosa, entre otras cosas, por sus monasterios pintados, llamados así por tener las paredes de sus iglesias totalmente cubiertas de pinturas de tema religioso.

Primero visitamos el Monasterio de Moldoviţa, cuya iglesia de la Anunciación es, como el resto de las iglesias pintadas de la región, patrimonio de la humanidad. En el momento de nuestra visita, en su espléndido interior reposaban, en un ataúd abierto, los restos de una monja anciana, que había fallecido hacía poco tiempo y todavía no había sido enterrada.

Luego visitamos el Monasterio de Suceviţa. Se trata de un monasterio fortificado. La iglesia de la Resurrección de este monasterio también es patrimonio de la humanidad. Las paredes de su interior y sus fachadas están totalmente cubiertas de pinturas que datan de finales del siglo XVI.Monasterio Moldovita

Finalmente, visitamos el Monasterio de Voroneţ, al que algunos han llamado la Capilla Sixtina de Oriente por sus murales, pintados en los siglos XV y XVI. Los murales interiores representan el ciclo de la Pasión. Los murales exteriores representan escenas tradicionales y el famoso Juicio Final, en la pared occidental.

Monasterio de Neamt y garganta de Bicaz

El 13 de julio nos dirigimos al Monasterio de Neamț, que posee una gran iglesia sin pinturas en las paredes exteriores. Luego hicimos una parada en la espectacular garganta del río Bicaz, paso natural entre Moldavia y Transilvania. Más tarde nos detuvimos en el Lago Rojo, un lago de formación reciente en cuyo interior hay un bosque de árboles petrificados. El Lago Rojo, a pesar de su nombre, es intensamente verde. Verde el agua, verdes los bosques que lo rodean. Hicimos noche en Brașov.

El Castillo de Bran y Brașov

El 14 de julio salimos hacia el castillo de Bran. Se trata de una fortaleza del siglo XIV, en buen estado de conservación, cuyo interior puede visitarse. Este castillo es mundialmente famoso por su supuesta relación con Vlad Drăculea (Vlad el Empalador). Sin embargo, no hay evidencias de que ese personje habitara el castillo en ningún momento de su vida.

Rumanía estaba en plena ola de calor. Después de visitar el castillo nos sentamos en una terraza del mercadillo que se extiende junto al ayuntamiento de Bran. En el ayuntamiento se estaba celebrando una boda. Nos invitaron a pasteles, a nosotros y a todo el personal que en ese momento pasaba o paraba cerca del lugar.

Volvimos a Brașov. Recorrimos esta bonita ciudad (la Iglesia Negra, sus calles, plazas y fortificaciones) bajo un sol de justicia. Al caer la tarde entramos en la Iglesia Negra para escuchar un concierto de órgano... y para huir del calor de la calle.

El Castillo de Peleş y Bucarest

Castillo de PelesEn la mañana del 15 de julio partimos hacia Sinaia, un centro turístico de montaña, para visitar el castillo de Peleş. El castillo de Peleș fue construido por el rey Carol I de Rumania (1839-1914), que visitó el sitio donde iba a construirse el futuro castillo y se enamoró de los magníficos paisajes de los Cárpatos que lo circundan. En 1872, la Corona adquirió una gran extensión de terreno para destinarlo a coto de caza y residencia de verano. El castillo de Peleș que en cierta medida recuerda a los castillos del Rey Loco en Baviera, se inauguró en 1883.

Nuestra última tarde en Rumanía la pasamos en Bucarest. Vimos el famoso Palacio del Parlamento de Rumanía (también llamado Palacio del pueblo), el segundo edificio administrativo más grande del mundo (después del Pentágono). Esta obra megalómana de Ceausescu está situada frente a un bulevar que pretendía emular a los Campos Elíseos... Pero Bucarest no es París, por mucho que se empeñara Ceausescu. En el mismísimo centro urbano hay solares sin edificar. Los edificios nuevos se alzan junto a otros en ruinas. La ciudad está llena de perros callejeros. No, no es París.

Estuvimos también en la catedral ortodoxa. En ese momento estaba celebrándose una misa. Entramos a pesar de ello, intentando pasar desapercibidos en la medida de lo posible. No estaba permitido hacer fotos, y aunque lo hubiera estado no era cosa de ponerse a hacerlas durante la ceremonia religiosa, pero es una verdadera pena, porque el espectáculo era sorprendente. Las mujeres (al menos muchas de ellas) iban vestidas con faldas largas y amplias y se cubrían la cabeza con pañuelos, lo que daba a la escena un cierto aspecto musulmán. Acentuaba ese aire musulmán el hecho de que varias de las mujeres, que estaban arrodilladas, se inclinaran hacia adelante hasta tocar el suelo con la frente.

Cenamos en un restaurante del animado barrio viejo, que es la zona de la movida de Bucarest.

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